jueves, 7 de agosto de 2008

El Rincón Existencial

Por el filosofo y cocodrilista Filotepas Barrabas Arteaga Melendez


Mas allá de nuestro alcance...


El aire caluroso y sofocante de la tarde veraniega de julio, soplaba sin cesar por la ventanilla de la sala de estar, sentado en mi sillón de felpa y terciopelo etíope, florecían lacerantemente los primeros años de mi mocedad, solo contemplaba el lento, continuo y rutinario movimiento de las aspas de mi ventilador, que me hizo reflexionar acerca de mí y mi rastro por el camino sinuoso de la vida y como la había malgastado; mi adyacente madre como siempre, paso sin mirar mi espasmo, en el oscuro umbral de mi crepúsculo manantial de incesantes dudas y cuestionamientos que me tenían vagando sin rumbo fijo, por un laberinto de superflua incertidumbre, la cual me mantenía atónito menor; el eco de unas palabras llegaba a mi oído como el lúgubre sonido de las olas del mar Elida golpeándo las rocosas faldas del monte Townbenberg, evaporando por completo mis efímeros pensamientos, dejando así un hueco en mi mente que se lleno abruptamente por la reverberante realidad que develaban las incandescentes palabras regadas con furor subyugante por mi madre, las cuales me ordenaban sin piedad alguna diciendo: “Anda y Ve por las tortillas Filotepas”…..


Mi frágil mundo fue quebrantado en un santiamén, mis ojos se nublaron, mi mandíbula se entumeció, mis piernas temblaron estrepitosamente, y en un acto de verdadera serenidad digna de admiración, susurre con resignación: “Ahora voy madre”….


Me levante con zozobra, abdicando por completo el ápice de rebelión que hay en cualquier mancebo. Camine, subí con inquietud protuberante las escaleras que me conducen al pórtico de mi morada para así cumplir con la punzante encomienda.


Mi mente comenzó nuevamente a divagar por los escabrosos caminos de las dudas que me llevaron irremediablemente a plantearme otra trascendental cuestión:


“A mi, que vivo en el cálido y acogedor seno de un hogar, próximo al expendio del suculento maná ancestral, me es sardónicamente repudiable el solo pensar que tengo que pararme de mi acogedor sillón de felpa y terciopelo etíope para ir por las tortillas, cuando al norte miles y miles de entes alejados de las comodidades conurbadas, se ven obligadas a trasladarse por inmensas e incomparables distancias solo para tener en su mesa un poco de ese algo llamado Tortilla…”


Así les dejo a su criterio, el dilema que he esbozado, dejando así quizá, un paradigma sociocultural que romperá con los convencionales dogmas impuestos por la sociedad:


Que harías si vivieras, en la punta de una montaña, y te mandaran por las tortillas?